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Hay veces en la vida, en las que hay que tomar una decisión absolutamente decisiva, importante, quizás una decisión que afecte con toda seguridad a nuestro presente, y probablemente a nuestro futuro.
Hay veces en la vida, que necesitas que alguien tome una decisión, se decida, actúe. Puede que te hayas cansado de intentar tomarlas tú. Y en algunas ocasiones, nos vemos obligados a ser nosotros los que hagamos el trabajo “sucio” de plantear las dos opciones que siempre y sin excepción, se plantean para solucionar un problema.
En una autopista, si no aceleras cuando has cambiado de carril y sigues a la misma velocidad que el coche al que pretendes adelantar, puedes seguir ahí cientos de kilómetros, y cuando quieres quitarte ese problema ya de encima, y tú solo eres una mera acompañante del conductor, no puedes hacer nada. Aunque le pides que acelere, si él no pisa el acelerador, no habrá mucho que hacer. En algunas ocasiones, te sientes como si en lugar de copiloto, fueras una maleta. Y yo, estoy acostumbrada a conducir, no a que me lleven.
Hay veces en la vida en la que te regalan un timón, pero no hay galeras, ni sala de máquinas, y en ocasiones, ni siquiera viento. Y entonces, te preguntas para qué demonios te dieron el timón. No hay manera de dirigir el barco, no puedo llevarlo a buen puerto yo sola y ya la calma chicha, casi me impide respirar. Ojala soplara un poco de Mistral, o me ofrecieran un par de remos para compartir, pero solo con un timón no se puede navegar.
No podemos hacer ver a otros lo que no quieren ver. No podemos convencerles de su equivocada actitud. Es como ese padre que le dice a su hijo que o estudia o trabaja, y el hijo, ni lo uno ni lo otro. Finalmente, tras una discusión le das un ultimátum y resulta que ese hijo que de pequeño te adoraba, prefiere marcharse de casa a cambiar de actitud.
Es una situación frustrante, cuando ves que no puedes hacer nada. O sigues permitiendo que los acontecimientos tan solo los decida otro y tu opinión, consejo, o simplemente súplica de que reaccione una persona, o bien, te retiras a tu mundo, a tu antigua vida en la que tan solo te preocupaba lo que tenías que decidir tú y a solas.
Cuando alguien prefiere perderte a cambiar lo que te causa dolor, es cuando entonces un vacío te va invadiendo, y conforme van pasando las horas y los días, el vacío te llena con esa sensación gélida que va apagando ese fuego que antes invadía hasta tu respiración.
El tiempo siempre ha sido mi enemigo. El tiempo es el que corre en mi contra, el que aplasta con su puño mis esperanza y el que con su armas invisibles, ha estado clavando sus finas garras. El tiempo es el que ahora quiere darme la razón, y al hacerlo, me inunda de apatía y de confusión. El tiempo ha jugado conmigo, ha sido el aliado de alguien a quien le sobraba, tan solo era cuestión de tiempo que ella ganara su única y cobarde batalla. Ha sido lista y sabía que el tiempo acabaría conmigo y llegaría el día en el que me demostrara que quien ríe la última, ríe mejor.
Maquiavela y Cronos, ambos sabían que juntos serían invencibles.
El tiempo es un asco. La felicidad la transforma inmediatamente en recuerdos, y la agonía o el dolor de una situación insoportable, parece no tener fin.
Hay días, que crees que ha habido mucho tiempo para poner remedio y no se hizo, y sin embargo, hay muy poco tiempo ya para seguir esperando un sincero reconocimiento de que no es cuestión de tiempo ya, si no, de voluntad.
Hay días en los que un simple soplido a nuestro favor, podrían salvar ese barco que se ha ido a pique.
Hay días en los que sigue soleado y los vientos siguen soplando para otros.
Puede que lo mejor sea saltar por la borda, porque este barco parece que definitivamente, va a naufragar.
Y no hay ni un flotador, será porque siempre demostré a todo el mundo que yo sola sé nadar, y jamás me ahogaré aunque nadie me salve.
Posiblemente, ese ha sido siempre mi mayor error. A las mártires les tiran salvavidas.
Hay días en los que recuerdo que nadie nunca me salvó, me tiro al agua desnuda y comienzo a empaparme de sal y soledad.
Y siguen sin tirarme ni un puto salvavidas.
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Destino… De Oliverio solo?
Y para acá o allá
y desde aquí otra vez
y vuelta a ir de vuelta y sin aliento
y del principio o término del precipicio íntimo
hasta el extremo o medio o resurrecto resto de éste a aquello o de lo opuesto
y rueda que te roe hasta el encuentro
y aquí tampoco está
y desde arriba abajo y desde abajo arriba ávido asqueado
por vivir entre huesos
o del perpetuo estéril desencuentro
a lo demás
de más
o al recomienzo espeso de cerdos contratiempos y destiempos
cuando no al burdo sino de algún complejo herniado en pleno vuelo
cálido o helado
y vuelta y vuelta
a tanta terca tuerca
para entregarse entero o de tres cuartos
harto ya de mitades
y de cuartos
al entrevero exhausto de los lechos deshechos
o darse noche y día sin descanso contra todos los nervios del misterio
del más allá
de acá
mientras se rota quedo ante el fugaz aspecto sempiterno de lo aparente o lo supuesto
y vuelta y vuelta hundido hasta el pescuezo
con todos los sentidos sin sentido
en el sofocatedio
con uñas y con piensos y pellejo
y porque sí nomás

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Oliverio no sabía nada, yo tampoco…
Yo no sé nada
Tú no sabes nada
Ud. no sabe nada
Él no sabe nada
Ellos no saben nada
Ellas no saben nada
Uds. no saben nada
Nosotros no sabemos nada.
La desorientación de mi generación tiene su expli-
cación en la dirección de nuestra educación, cuya
idealización de la acción, era —¡sin discusión!—
una mistificación, en contradicción
con nuestra propensión a la me-
ditación, a la contemplación y
a la masturbación. (Gutural,
lo más guturalmente que
se pueda.) Creo que
creo en lo que creo
que no creo. Y creo
que no creo en lo
que creo que creo.
“ Cantar de las ranas ”
¡Y ¡Y ¿A ¿A ¡Y ¡T
su ba llí llá su ba
bo jo es es bo jo
las las tá? tá? las las
es es ¡A ¡A es es
ca ca quí cá ca ca
le le no no le le
ras ras es es ras ras
arri aba tá tá arrí aba
ba!… jo!… !… !… ba!… jo!…
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Oliverio Girondo
¿Nos olvidamos, a veces, de nuestra sombra o es que nuestra sombra nos abandona de vez en cuando?
Hemos abierto las ventanas de siempre. Hemos encendido las mismas lámparas. Hemos subido las escaleras de cada noche, y sin embargo han pasado las horas, las semanas enteras, sin que notemos su presencia.
Una tarde, al atravesar una plaza, nos sentamos en algún banco. Sobre las piedritas del camino describimos, con el regatón de nuestro paraguas, la mitad de una circunferencia. ¿Pensamos en alguien que está ausente? ¿Buscamos, en nuestra memoria, un recuerdo perdido? En todo caso, nuestra atención se encuentra en todas partes y en ninguna, hasta que,de repente advertimos un estremecimiento a nuestros pies, y al averiguar de qué proviene, nos encontramos con nuestra sombra.
¿Será posible que hayamos vivido junto a ella sin habernos dado cuenta de su existencia? ¿La habremos extraviado al doblar una esquina, al atravesar una multitud? ¿O fue ella quien nos abandonó, para olfatear todas las otras sombras de la calle?
La ternura que nos infunde su presencia es demasiado grande para que nos preocupe la contestación a esas preguntas.
Quisiéramos acariciarla como a un perro, quisiéramos cargarla para que durmiera en nuestros brazos, y es tal la satisfacción de que nos acompañe al regresar a nuestra casa, que todas las preocupaciones que tomamos con ella nos parecen insuficientes.
Antes de atravesar las bocacalles esperamos que no circule ninguna clase de vehículo. En vez de subir las escaleras, tomamos el ascensor, para impedir que los escalones le fracturen el espinazo. Al circular de un cuarto a otro, evitamos que se lastime en las aristas de los muebles, y cuando llega la hora de acostarnos, la cubrimos como si fuese una mujer, para sentirla bien cerca de nosotros, para que duerma toda la noche a nuestro lado.
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“La dignidad o el INEM” (2010)
“LA DIGNIDAD O EL INEM”.
Amanecía.
Elsa pensaba que iba a ser la primera en llegar. Tampoco se sorprendió cuando comprobó, que había unas diez personas delante de ella, en una desordenada fila de rostros impávidos y algo desencajados por el frío. Encendió un cigarrillo y comprobó como sus uñas, antaño cuidadas y perfectas con la manicura francesa, ahora las tenía raídas y roídas por sus dientes.
“A veces es más efectiva una buena comida de uñas, que un trankimazín”- Pensó.
Toda su vida trabajando en una gran y solvente empresa, ahora se había reducido a una simple carta que con cara de acelga inmutable, el jefe de personal le había entregado a ella y otros cincuenta compañeros, una fría tarde del otoño pasado.
Sentía la incertidumbre, que no la esperanza, de que quizás ésta fuera la última mañana que tuviera que guardar cola para conseguir un nuevo documento acreditativo de su desempleo, que en realidad solo servía para recordarle que había cambiado el estrés de una oficina en la que no tenía tiempo ni para pestañear, por la ansiedad de estar metida en la casa, sin más agobios que el oír los chirriantes alaridos de la Esteban contra la Campanario.
¡Qué vida ésta!
Una vez con su nueva cartilla guardada en su bolso, decidió que aunque con su nuevo y mísero sueldo de 1098,36 euros al mes, no se lo podía permitir, iba a ir a hacerse la manicura.
Pasó por un salón de belleza y entró a la cabina donde sus uñas volverían a ser decentes, y una chica le ofreció asiento, dándole unos tarritos donde debía sumergir sus dedos.
Cuando ya tenía sus manos impregnadas de espuma, escuchó una voz muy familiar. Sin soltar los botecitos, se dirigió a la cortina que la separaba de aquella inconfundible y ronca voz.
¡Era el jefe de personal que la despidió!. Estaba tumbado y le hacían la pedicura, sus uñas rojas y asquerosamente largas sorprendieron desagradablemente a Elsa. Una chica le pegaba tirones sobre su ingle derecha, dejándole perfectamente depilada la zona, al estilo brasileño.
¿Quién lo hubiera dicho?, El Sr. Romerales, era drag queen , y estaba invitando a las dos chicas que lo acicalaban, a su espéctalo nocturno.
¿Lo sabría su mujer? Esa señora de moño alzado, opusina numeraria y de misa diaria, no debía estar al tanto de la doble vida de su encorbatado y respetable marido.
No lo pudo evitar y carraspeó fuertemente, mientras empezó a descorrer lentamente la cortina.
¡Aquí no se puede entrar!- Exhortó algo nerviosa, una de las chicas con marcado acento cubano. Elsa pidió perdón, pero en lugar de retirarse, se acercó al confuso y patidifuso jefazo, saludándolo efusivamente. Esa mezcla entre Barbie Superstar y Santiago Segura, era absolutamente absurda e irracional.
Romerales pidió con voz algo temblorosa, a las chicas que salieran un momento para quedarse con Elsa a solas. Balbuceando, con un hilo de voz, intentó sobornar a la mujer con la que tantos años había trabajado. Le ofreció su reincorporación inmediata a la empresa, con un puesto superior, triplicando el sueldo. Mucho dinero, a cambio de su silencio.
Elsa, con una triste sonrisa, rechazó todas y cada una de las propuestas del pobre viejo. Le aseguró que nunca nadie ni dentro de la empresa “El mogollón del ladrillo, S.L.” ni fuera, sabría de su doble vida.
Sorprendido y aliviado, respiró por primera vez profundamente. Elsa, volvió a su cabina donde Rita, la chica cubana, le esperaba con la lima entre sus manos y una gran sonrisa.
Elsa nunca llegó a saber que desde ese día, todos los meses el Sr. Romerales haría una transferencia bancaria de 2000 euros, para pagar el silencio de Rita.
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“Destino con desatino” (2005)
Cuando quizás, a veces, abro los ojos y no veo nada, cuando oigo sin escuchar y expiro sin respirar, es entonces cuando la soledad me penetra congelándome el alma.
Oscuridad o penumbra, Mozart o Pachebel, cerveza o pacharán, frío o ausencia de calor, lágrimas o suspiros… ¿Qué más da?
Puede ser que haya noches en que mi libertad vuele lejos y me deje aquí plantada deshojando margaritas con mi destino, algo cabizbaja por la desesperanza y triste por intentar crecer en el barro de mi camino.
¿Algún día amaneceré sintiendo que he vuelto a hacer un trato, que la alegría tira piedritas sobre mi ventana y el abrazo de un “te quiero” sobre mi almohada?
Cuando quizás, a veces, esa canción hiere y los ojos se nublan con el vapor de un anhelo, es entonces cuando reviento sobre un papel con palabras convulsivas que escupe mi corazón sediento….
Destino con desatino
Amor, amordazado
Utopía factible
Dulce amargura
Querer y no poder.
La vida torcida y erecta
Pasa factura por gozarla
¿Recompensa por sufrirla?
Quizás mañana sea pronto
Probablemente ayer fue tarde.
Ruleta rusa del corazón
puede que con un solo disparo,
el vacío te llene el alma
agujereando tu indecisión
con el desconsuelo de una loca
que hace tiempo perdió la calma
y nunca más la encontró.
Cuando quizás, a veces me pierdo en mis laberintos y comienzo donde acabé, y finalizo donde empecé, le doy tantas explicaciones a la razón de mi incongruencia que no soy capaz de resolver ni el enigma del concierto que mi alma a veces me ofrece, incompetente con mi batuta para manejar las teclas de los sentimientos, las cuerdas de los recuerdos, los acordes del corazón…
Cuando quizás, a veces me pierdo en la sinfonía del silencio que mi casa ofrece, tan solo encuentro consuelo entre las paredes huecas de la lluvia de mis enojos y la tormenta de mi sinrazón.
Cuando quizás a veces sería mejor dormir que soñar, llorar que pensar y terminar con el desconsuelo de la soledad.
Mañana será otro día…
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Corazón bravo (2005)
| Esta noche, siento la brisa tibia como acaricia mis lágrimas de seda. El sonido de una dulce gaita, hinchada de tristeza con suspiros de lucha eterna.
Frente a un papel en blanco derramo mi tinta, algo marchita por el roce de mis hilos de mar cuando lo golpean, lenta y suavemente, al compás de esta música para dioses que me penetra en el alma para sacarla fuera. Cierro los ojos, tras tachar las gastadas palabras que nadie jamás leerá y estrellar contra la pared la emoción y embriaguez de tanto sentimiento que ahora siento y soy incapaz de expresar. Abro ese cajón desastre repleto de pasado, presente y destino. Al fin lo encuentro, hace tiempo que no permitía que las mariposas revolotearan posándose sobre mi luna. Madame Butterfly, grítame suavemente tu dolor clavando en mí tu sufrimiento. Comparto contigo estos segundos de ternura que ahora siento, gracias a tu llanto eterno. Serenidad, dulce excitación pacífica. Pasión relajada al comenzar a sentir que puedo volver a sentir esto que siento. Quizás mi alma agujereada por las frías puñaladas de un silencio que la mataba lentamente de inanición, ahora está siendo cosida con los acordes de un nuevo sentimiento, de una complicidad que la eriza con escalofríos y la mece con dulzura al sentirse liberada de los barrotes de la desidia y los estribos del desamor. MI luna, libre al fin, ahora lo entiendo. Ha salido de mi pozo oscuro y vacío. Murió de frío ahí dentro. Me di cuenta aquella noche, cuando la soledad llamó a la puerta del tanatorio y ni siquiera estaba yo para invitarla a pasar. Pobre Luna mía, tan solo ella acudió a su entierro. Sentada en el suelo, contemplo ese papel arrugado, escucho la música de mi alma volando junto a mí. Alzo las manos que bailan etéreas como palomas rozando los suspiros de humo y luna, que vuelan sensuales dibujando mi cuerpo. Esta noche soy Klimt, y regalo un beso arropado con una manta bordada con estrellas de sentimiento. Corazón bravo, alma predispuesta… |
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Ni siquiera yo.
“Desidia arrancada a bocados que muerden mi alma… “
Rodeada de gente, sola en la ciudad más poblada del mundo, me siento en el suelo de la plaza de Tiananmen y saco papel y bolígrafo de mi mochila.
Soy centro de miradas, todo el que pasa a mi alrededor me observa, como quien va a un zoológico y mira un bicho raro, pero de eso no me doy cuenta hasta que alzo la vista para coger esa botella de agua que ya habrá dejado de estar fría y que me costó 3 yuanes en un vendedor ambulante que se encontraba en la puerta de La Ciudad Prohibida.
Hay un grupo cada vez más numeroso de personas que se ha parado para intentar averiguar que hace esa rubia de pelo rizado y piel morena, tan distinta a sus cánones de belleza, con pelo negro y tieso y tez de nácar, sentada en el suelo y escribiendo esas letras tan raras. Les sonrío y por primera vez dejo de mirar a la gente, para observar a las personas.
Por fin el bosque no me impide ver a los árboles…
Ese viejito me mira de reojo, con la cara tatuada de arrugas profundas, de las que causa el trabajo de sol a sol y el dolor de alma, cuando fluyen esas heridas que no cicatrizan con el paso del tiempo, si no que se agrandan. Debió sufrir mucho cuando perdió a su esposa, violada y asesinada cuando estaba en su sexto mes de embarazo por aquellos soldados que esa fatídica noche, irrumpieron en su casa…
Respiro profundamente, ese aroma que al principio me pareció nauseabundo y me obligaba a respirar por la boca, ahora aprendo a aceptarlo. Lentamente, me impregno de él, ahora yo formo parte del entorno y éste de mí. Mi piel húmeda por el sudor, ha dejado que China penetre por cada poro de mi piel y con sus lágrimas de emoción se funde al evaporarse con el de todos los que en este justo momento estamos en este preciso lugar.
No estaría nada mal tener algo de música en este instante que me abriera aún más el alma. ¿Madame Butterfly? Sería magnifico sentir los acordes de Puccini, mientras mi vista se pierde hacia La Colina del Carbón…. O quizás ese mágico jazz de Diana Krall…
“Desidia arrancada a bocados que muerden mi alma,
sortilegios de llantos repletos de esperanza
que invaden mi destino confundido y osado,
susurros de carmín que se fueron con mis besos
trozos de mar congelado de un absurdo pasado.
Libertad de poder reir o llorar….”
Ese guardia bajo la sombrilla no me quita ojo, por la cara que tiene, diría que no le sentó bien el chop suey del desayuno… probaré a sonreír, casi nunca me falla…
Nada, tiene una cara de galgo afgano que no se la quita nadie. Seguro que tiene una historia digna de un folletín o de una ópera con tragedia final. Probablemente, su madre trabajaba en un campo de arroz y su padre, borracho todo el día lo maltrataba pegándole con una rama de almendro en la espalda. Cuando fue algo mayor, huyó una noche, tras tenerlo todo planeado metiéndose de polizón en el vagón de un tren sin rumbo a ninguna parte. Esa misma noche fue cuando conoció a Molly Juar, esa bella muchacha que…..
Me parece que me estoy desviando… yo saqué papel y bolígrafo para escribir sobre mis sentimientos y mi alma, y no dejo de inventar historias sobre cada una de las personas que me rodean… ¡Siempre me pasa igual ¡ Cuando bajo de casa al parque García Lorca, dispuesta a escribir los versos mas bellos, al final acabo escribiendo un relato de misterio sobre ese viejecito que parece que juega a la petanca, cuando en realidad es un asesino a sueldo, contratado por un famoso empresario de la construcción…
Veamos…
“… Libertad de poder reír o llorar
de gritar o callar,
de sentir sin fingir.
Anhelos que me invaden de recuerdos
ritmos cardíacos al son de quien los toca,
caricias etéreas que ahora son sueños
libertad de recordarte cuando me plazca,
sin pedir permiso y sin que se note,
cierro los ojos y me besas…
La brisa con olor a jengibre no tiene nada de tu aroma,
el paisaje no puede ser más distinto a aquel que compartimos
ni siquiera veo el cielo, pues las nubes casi tocan mi pelo
ni nada ni nadie es parecido a algo o a alguien.
Desidia arrancada a bocados que muerden mi alma,
cuando te siento y ya no estás aquí,
cuando te acaricio y eres solo un sueño
y la única salida para el sollozo que rasga mi garganta
es la amnesia del dolor de un amor que cuando muere, mata.”
Me apetecía sentirme melancólica en este lugar, era idóneo para sentirse así.
Guardo mis cosas en la mochila y me reuniré con el resto del grupo, creo que piensan que se me ha ido la pinza… no esperaban que la loca risueña andaluza y graciosa, tuviera estos puntitos de locura, la verdad, poca gente lo espera de mí…
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“Soy” (2005)
Soy un agujero negro del destino
convexo de sentimiento, cóncavo de pasión,
plano de sufrimiento, huella del desatino.
Soy castañuelas acorazadas,
payasa sin escrúpulos, suicida de la alegría,
huyo de disimulos, adoro la sinrazón,
riéndome a carcajadas, me arranco con una bulería.
Soy luna sin toro, bruja sin escoba
pirata pordiosera del amor
diosa de la guasa, títere sin cabeza
mariposa confiada que jamás piensa en sus alas
cuando se posa en una flor.
Soy garrapata sedienta que nunca revienta
mientras sienta calor,
ratita presumida, maestra del tetris
lejana parienta de Mariquita Pérez,
muñeca de porcelana con alcayata
con el corazón oxidado de hojalata,
maquillado por la Señorita Pepis.
Soy rebelde con causa, Forrest Gump sin caja de bombones,
como agua para chocolate de la espía que amó a borbotones,
al chófer de Miss Daysi en el Titanic de un magnate delirante
en busca de la isla de las cabezas cortadas escribe sus memorias de Africa
que con faldas y a lo loco desayuna con diamantes.
En fin.. hoy……. Así me siento, y así estoy, que ni yo misma me entiendo, ni triste ni contenta si no, todo lo contrario o… viceversa.
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